Cómo hacer una buena retroalimentación a sus estudiantes

Está comprobado por innumerables investigaciones científicas que la retroalimentación es una de las prácticas educativas más eficaces para garantizar el aprendizaje (ver Hattie, 2017). La retroalimentación debe ayudar al estudiante a superar la brecha entre lo que sabe y lo que queremos que sepa. Por ende, para hacer una buena retroalimentación, los docentes deben saber qué saben sus estudiantes y qué capacidades, conocimientos y destrezas quiere que ellos desarrollaren. Ojo, no estamos hablando de memorización de información, ni de resolución mecánica de procedimientos. Estamos hablando de desarrollo de capacidades de comprensión, análisis, aplicación de saberes en contextos concretos y reales, síntesis, resolución de problemas, reflexión y actuar consecuente.

Las actividades de aprendizaje que proponemos a nuestros estudiantes deben llevarlos a desarrollar estos saberes. La retroalimentación debe, entonces, estar enfocada a dar información al estudiante sobre su desempeño en la implementación de estas actividades: lo que logró y cómo puede mejorar en los aspectos que muestran dificultades. La retroalimentación está dirigida a la mejora del aprendizaje. Jamás debe ser una crítica a la persona.

El propósito de la retroalimentación es motivar a los estudiantes a tener confianza en que pueden superar sus dificultades con ayuda, empeño y esfuerzo (mentalidad de crecimiento) e indicar claramente en qué pueden mejorar y cuáles son las estrategias que pueden seguir para lograrlo.

Para que nosotros, educadores, podamos identificar la brecha cognitiva de nuestros estudiantes, debemos conocer en qué se equivocan, es decir, el error es clave para que podamos saber cómo hacerlo mejor. Sin error no hay aprendizaje.

Conocer el error es fundamental para avanzar hacia el éxito. Esta es la finalidad de la retroalimentación. – John Hattie

Para ello, tenemos que tener evidencia de lo que hacen, escriben y realizan nuestros estudiantes para poder inferir lo que comprenden, conocen, analizan, sienten, reflexionan, pueden aplicar, etc. Esta es la base de la evaluación formativa de los aprendizajes: recoger información para identificar qué saben nuestros estudiantes e implementar estrategias de enseñanza que les ayuden en este proceso de aprendizaje.

Las funciones de feedback, según los autores Gibbs y Simpson (2009), son:

  • Corregir errores.
  • Reactivar o consolidar habilidades o conocimientos previos, necesarios antes de introducir una nueva materia.
  • Centrar la atención del estudiante en los aspectos más importantes de la materia.
  • Mejorar la comprensión a través de las explicaciones incluidas en el feedback.
  • Sugerir tareas de estudio subsiguientes para generar más aprendizajes.
  • Ayudar a los estudiantes a controlar su propio progreso y desarrollar las capacidades de autoevaluación.
  • Orientar en la toma de decisiones sobre las siguientes actividades o materiales a proporcionar.
  • Proponer actividades de aprendizaje para aumentar el dominio sobre la materia de estudio. Finalmente, pero no menos importante, motivar a los estudiantes a seguir estudiando.

Condiciones previas a una retroalimentación oportuna

  1. Los profesores deben comunicar con claridad a sus estudiantes, lo que se espera de ellos, es decir, lo que se espera que sepan o hagan. Los estudiantes deben estar familiarizados con los objetivos, intenciones y metas del aprendizaje.
  2. Las actividades o tareas deben estar claramente orientadas y deben ser desafiantes para los estudiantes.
  3. Los profesores deben alentar a sus estudiantes a ser los protagonistas de su aprendizaje, por ello, deben orientar actividades y materiales apropiados para que logren avanzar, darles información sobre cómo van avanzando y qué estrategias pueden utilizar para seguir progresando.
  4. Diseñar actividades que ayuden a los estudiantes a distribuir el tiempo y concentrar el esfuerzo en lo importante.

Dar una buena retroalimentación: 10 consejos

  1. La retroalimentación debe ser realizada en el momento oportuno. Su finalidad no es calificar, sino ofrecer información al estudiante sobre el grado de avance de su proceso individual de aprendizaje, para poder seguir aprendiendo. En tareas más complejas, y que requieren de períodos largos de realización, es aconsejable dar retroalimentaciones parciales, porque permite la mejora oportuna y evitar la acumulación de errores.
  2. La retroalimentación puede ser verbal, no verbal o por escrito.
  3. Se puede dar una retroalimentación colectiva, donde haga observaciones puntuales sobre el desarrollo de la actividad y los aspectos que deben poner atención. Tras la entrega de una tarea, el docente puede explicar en clase o grabar un vídeo (caso sea educación virtual) explicando cómo debería haberse llevado a cabo la actividad.
  4. Se puede dar una retroalimentación individual. Debe contar con tres momentos: 1) Alabar genuinamente y de manera concreta: indique qué hizo bien el estudiante. 2) Corregir: indique qué no está bien y cómo puede mejorar. Dé recomendaciones concretas. 3) Volver a alabar y a motivar para que siga aprendiendo. El docente debe explicar al estudiante: qué puede hacer el estudiante, qué es lo que no puede hacer el estudiante, cómo puede el estudiante mejorar. El docente debe evitar comentarios genéricos como: “no se expresa con claridad”, “no demuestra ser capaz de…”, “trabajo incompleto”.
  5. La retroalimentación debe de estar centrada en la actividad del estudiante y ser lo más precisa posible, para que el estudiante sepa cómo puede mejorarla. Por ejemplo: “Para que su texto resulte más claro, sería bueno agregar…”, “Su entrega podría mejorar, si tomaras en cuenta…”, “Su redacción podría mejorar, si las oraciones fuesen más cortas, por ende, escriba una idea por oración”, “Sobre esta afirmación, revise el texto de fulano, p. 5”, etc.
  6. Es conveniente proporcionar explicaciones complementarias que contribuyan a que los participantes entiendan el porqué de los errores.
  7. Las rúbricas eficaces son las que proporcionan a los estudiantes información muy específica acerca de su desempeño.
  8. Fomente la capacidad metacognitiva, pidiendo a los estudiantes que comprueben la calidad de sus tareas antes de enviarlas, chequeándolas con las rúbricas con las que el docente las evaluará o comprobando que cumple con las orientaciones facilitadas para su realización.
  9. Enseñe a sus estudiantes a retroalimentar el trabajo de sus compañeros. Proponga actividades dónde un estudiante retroalimenta el trabajo de otro.
  10. Invite a los estudiantes a darle retroalimentación a Ud. De manera anónima, pregúnteles:
    ¿Qué es lo que les gusta de mi clase? ¿Qué es lo que no les gusta? Si ellos estuviesen enseñando su clase, ¿qué harían de manera diferente?, ¿qué fue lo que más aprendieron de usted como maestro/a? 

En educación virtual, todo lo anterior es igualmente válido. Se puede hacer retroalimentaciones generales, después de la entrega de un trabajo. El docente puede escribir los principales logros del grupo y las dificultades comunes que han tenido, indicando cómo podrían mejorar.

Se puede hacer retroalimentaciones grupales durante el desarrollo de una actividad. Por ejemplo, el docente orienta una actividad a ser realizada a lo largo de una semana, y, a la mitad de la semana invita a una videoconferencia para que los estudiantes puedan compartir sus avances y sus dudas. Esta es una buena oportunidad para retroalimentarles e indicarles ajustes que puedan hacer en su trabajo.

Sin duda, la retroalimentación individual es fundamental. Los comentarios por escrito durante la revisión de los trabajos deben indicar los logros y las dificultades de cada uno, invitándoles a mejorar de manera concreta.

Podemos utilizar diversas herramientas para realizar retroalimentaciones colectivas, grupales e individuales. Lo importante es escoger las más adecuadas, según nuestros propósitos.

Es importante integrar en nuestra planificación docente momentos específicos para la metacognición y para la retroalimentación.

El estudiante debe habituarse a pensar sobre su aprendizaje, valorarlo y monitorearlo y también debe recibir oportuna, clara y constructiva retroalimentación de nuestra parte. La metacognición y la retroalimentación son dos factores clave para potenciar el aprendizaje.

Referencias bibliográficas

Anijovich, Rebeca. (2019). Orientaciones para la Formación Docente y el Trabajo en el aula: Retroalimentación Formativa. Publicación realizada por SUMMA, en colaboración con Fundación La Caixa. www.summaedu.org

Gibbs, G., & Simpson, C. (2009). Condiciones para una evaluación continuada favorecedora del aprendizaje. Universitat de Barcelona. Institut de Ciències de l’Educació & Ediciones Octaedro. Recuperado de: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/144983/1/13cuaderno.pdf

Hattie, John. (2017) Aprendizaje visible para profesores. Editorial Paraninfo.

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